El Senado de la República reconoce la trayectoria de Elena Poniatowska con un homenaje

El Senado de la República homenajeó ayer a la escritora Elena Poniatowska Amor al inaugurar una sala de comparecencias que lleva su nombre. Tras la sesión solemne, Poniatowska fue rodeada por un enjambre de reporteros, fotógrafos y camarógrafos, sorteando con naturalidad las preguntas de los medios.
Al concluir el acto protocolario, cuando se le ofreció la palabra nuevamente, la periodista respondió con sencillez: “No, yo escribo”, provocando risas y aplausos entre los senadores, familiares, colegas escritoras y amigos presentes.
Respecto al significado de la fundación que lleva su nombre, Poniatowska destacó que “es una aportación importante a la cultura de México”, subrayando que, a diferencia de otros escritores mexicanos que vendieron sus acervos y manuscritos a universidades estadounidenses, “todo lo mío, por orden o decisión de mi hijo Felipe Haro, se quedó en México”.
El director de la Fundación Poniatowska explicó que las instalaciones en la colonia Escandón son insuficientes para albergar el archivo de la escritora y advirtió: “o se hace responsable todo México del archivo o se va”. Agregó que “los archivos de muchos escritores se están yendo a Estados Unidos porque aquí no hay las posibilidades de mantenerlos”.
Durante la sesión, en respuesta a la pregunta sobre qué le falta a la mujer mexicana por ver en el país, Poniatowska respondió con humor: “Tener buenos maridos”. Al finalizar, agradeció a los comunicadores su interés: “porque yo soy de ustedes, les pertenezco, soy como ustedes. Y quiero que pongan eso, porque es verdad: soy ante todo periodista”.
En la tribuna del Senado, la escritora ofreció un breve discurso de agradecimiento en el que afirmó: “solo puedo decir cosas sencillas, pero las digo con cariño y también con el mayor apego”. Evocó figuras que ha admirado, como los ferrocarrileros, a Demetrio Vallejo, “un líder ferrocarrilero muy chaparrito, pero de grandes agallas”, y a Rosario Ibarra de Piedra. También recordó a su esposo, el astrónomo Guillermo Haro, sus hijos y nietos, y expresó orgullo por sus padres, Paula Amor y el príncipe polaco Jean Joseph Poniatowski, quienes participaron en la Segunda Guerra Mundial como defensores de la libertad.
Sobre el significado de este homenaje, Poniatowska afirmó: “la condensación de una vida de 93 años, (que) han sido muy felices, muy agradecidos, al lado de luchadores sociales como los ferrocarrileros, las costureras y los periodistas. Me honro de trabajar en La Jornada”, recibiendo una efusiva ovación.
Laura Itzel Castillo, presidenta del Senado, calificó el acto como “acto de justicia cultural” y resaltó que la instalación del nombre de Poniatowska en la sala de comparecencias busca reconocer los aportes de “una figura central de la literatura mexicana, una mujer brillante que ha marcado a generaciones con su escritura y su compromiso social”.



