
Una nueva especie de mantarraya ha sido identificada en aguas tropicales y subtropicales del océano Atlántico occidental, desde la costa este de Estados Unidos hasta Brasil, incluyendo el Golfo de México y el mar Caribe. Se trata de Mobula yarae, la tercera especie de mantarraya reconocida científicamente a nivel mundial.
El hallazgo es fruto de más de una década de investigación encabezada por la bióloga de conservación Andrea Marshall, cofundadora de la Marine Megafauna Foundation. Su trabajo fue publicado recientemente en la revista Environmental Biology of Fishes y reportado por la Smithsonian Magazine.
Marshall notó por primera vez la presencia de una mantarraya inusual hace unos quince años, cerca de la costa oriental de México. Esta observación inicial la llevó a sospechar que podría estar frente a una especie aún no descrita. Con el tiempo, mediante estudios morfológicos, observación directa y análisis genéticos, su equipo logró confirmar la existencia de una nueva especie.
Mobula yarae se distingue por una serie de características únicas: presenta manchas blancas en forma de “V” sobre los hombros, una coloración facial más clara y puntos oscuros en el abdomen. Aunque puede alcanzar dimensiones similares a la mantarraya gigante oceánica (Mobula birostris), con una envergadura de entre 4.9 y 6.1 metros, la mayoría de los ejemplares observados hasta la fecha son juveniles.
El nombre de la especie rinde homenaje a Yara, espíritu de las aguas en la mitología brasileña.
Uno de los eventos clave en la identificación de la especie ocurrió en 2017, cuando una mantarraya juvenil apareció muerta en la costa de Florida. Este hallazgo permitió un análisis genético excepcionalmente detallado —debido a la rareza de encontrar ejemplares en buen estado, dada su estructura cartilaginosa—, confirmando que se trataba de una especie distinta de M. birostris. Los científicos señalan que este proceso de diferenciación reciente brinda una oportunidad única para estudiar la especiación en tiempo real.
Este descubrimiento no solo amplía el conocimiento sobre la biodiversidad marina, sino que también tiene implicaciones importantes en materia de conservación. Dado que M. yarae habita principalmente en zonas costeras, enfrenta amenazas como la pesca incidental, el tráfico marítimo y la contaminación.
“No se puede proteger lo que no se ha identificado formalmente”, subrayó Jessica Pate, del Florida Manta Project, resaltando la relevancia del hallazgo para implementar estrategias de conservación adecuadas.
Aunque la Dra. Marshall se encuentra actualmente en licencia médica tras sufrir un aneurisma cerebral en 2024, su equipo continúa el trabajo mediante estudios de marcaje satelital y monitoreo en Florida y México para comprender mejor el comportamiento y las rutas migratorias de Mobula yarae.
Nuevas especies marinas: avances recientes en exploración oceánica
El descubrimiento de Mobula yarae se suma a una creciente lista de especies marinas identificadas recientemente, impulsadas por avances en biología molecular y exploraciones en zonas profundas del océano.
Entre los hallazgos más notables se encuentra Pseudoliparis swirei, una especie de pez caracol descubierta en 2017 en la Fosa de las Marianas, a más de 8 mil metros de profundidad. Se trata del pez más profundo jamás filmado, gracias a nuevas cámaras submarinas diseñadas para soportar condiciones extremas de presión y oscuridad. Este hallazgo ha sido clave para estudiar la adaptación de la vida marina en ambientes hostiles.
Otro descubrimiento relevante ocurrió en 2023 en el Atlántico Sur, donde investigadores del Museo de Historia Natural de Londres identificaron una nueva especie de calamar bioluminiscente del género Octopoteuthis. Este molusco, hallado a unos 1,200 metros de profundidad, posee órganos fotóforos en sus brazos que le permiten camuflarse y comunicarse.
También en 2023, científicos australianos describieron en la región del Indo-Pacífico una nueva especie de tiburón andante, Hemiscyllium halmahera, que puede desplazarse usando sus aletas sobre el fondo marino durante la marea baja. Este inusual comportamiento ha despertado nuevas preguntas sobre la evolución del movimiento en especies acuáticas.



