Habitantes de la Sierra Tarahumara, en Chihuahua, viven en constante miedo y desesperanza

Los sentimientos de impotencia y temor se han instalado en miles de familias de la región, que viven constantemente amenazadas por la inseguridad.
Rubén Acosta Bustillos, originario de Guachochi y residente en la ciudad de Chihuahua, compartió su dolor y frustración a través de las redes sociales, relatando cómo la violencia afecta no solo a quienes viven en la Sierra Tarahumara, sino también a quienes, como él, permanecen lejos pero sufren la zozobra por la seguridad de sus seres queridos.
“Mis padres viven en Guachochi. Mi mamá vive con ansiedad por el miedo, no duerme por esa razón, y cuando logra hacerlo, el sonido de los disparos la despierta. Su salud se deteriora, buscamos motivos en otras partes, pero la razón, lo sabemos bien, es la falta de paz”, expresó Rubén, quien mostró su preocupación por el bienestar de su familia y la constante angustia que viven muchos otros habitantes de la región.
Según Rubén, la vida cotidiana en Guachochi es una constante lucha contra la incertidumbre. “Mis sobrinos pequeños aprendieron a tirarse al piso antes que a leer… no tuvieron chance de tenerle miedo al coco porque la realidad es más horrible. Se tapan los oídos en automático, pareciera que ya predicen lo que viene al llegar la tarde”, relató, haciendo énfasis en la normalización del miedo en la vida de los niños.
Uno de los trayectos más peligrosos de la zona es la carretera a Guachochi, donde el peligro acecha en cada kilómetro. “No saben si llegarán con bien a sus destinos, ni si serán encontrados en caso de desaparecer”, describió Rubén, quien también contó cómo, a pesar de sus insistencias, sus padres se niegan a abandonar su hogar. “Se niegan, no se quieren salir. Pues claro, qué estúpida mi propuesta. ¿Por qué abandonarían su hogar, sus recuerdos, su origen? Su terquedad es heroísmo y resiliencia”, comentó sobre el firme rechazo de sus padres a dejar el lugar que siempre ha sido su hogar.
En su mensaje, Rubén destacó que su testimonio es solo un reflejo de la situación que viven muchas familias serranas. Denunció la indiferencia de las autoridades y la falta de seguridad. “Esos a los que les entregamos nuestro dinero y nuestro poder nos regresan discursos y fantasías. Los altos mandos se van, los boletines se difunden, los elementos se atrincheran en sus hoteles y el terror vuelve a las calles”, lamentó.
La impotencia y el dolor que Rubén experimenta no son sentimientos aislados. “Ya no me siento enojado, me siento impotente, frustrado, derrotado. Mi pueblo en el que aprendí a soñar, ahora está desgarrado. Inocentes mueren, niños sufren. Se está gestando una generación marcada por una guerra de la que nadie habla. La indiferencia política es criminal y ya debe acabar. Que llegue a quienes tiene que llegar”, concluyó, pidiendo a gritos una solución a la crisis de violencia que vive la región.



