
El vínculo entre Mohamed Salah y el Liverpool llegó a su final este domingo en Anfield, en un encuentro ante el Brentford que marcó el cierre de una etapa histórica de nueve temporadas del atacante egipcio con los “Reds”. La despedida estuvo marcada por un ambiente emocional en las gradas, aunque también por la tensión generada en los últimos días dentro del vestuario.
Más allá de su legado goleador, la recta final de su paso por el club estuvo acompañada por una relación deteriorada con el entrenador Arne Slot. En semanas recientes, Salah habría expresado públicamente su desacuerdo con el estilo de juego del equipo, defendiendo el modelo ofensivo implantado en la era de Jürgen Klopp y sugiriendo que esa identidad debía mantenerse. Estas declaraciones generaron reacciones inmediatas en el entorno del fútbol inglés.
Entre las voces críticas destacó la del exjugador Jamie Carragher, quien consideró inapropiado el momento y el contenido del mensaje del delantero, señalando que podía afectar la estabilidad del equipo. En la misma línea, Wayne Rooney opinó que Slot debió tomar una decisión más firme respecto a su participación en la convocatoria.
La tensión entre jugador y técnico no es nueva. A finales de 2025, Salah ya había mostrado su inconformidad tras ser relegado al banquillo durante tres partidos consecutivos, llegando a admitir que su relación con el entrenador neerlandés era prácticamente inexistente en ese momento. Aquel episodio derivó en su separación temporal del grupo, aunque posteriormente recuperó protagonismo tras su participación en la Copa Africana de Naciones. Pese a ello, su conexión con la afición se mantuvo intacta, consolidada incluso por cánticos en su honor desde las tribunas de Anfield.
En lo deportivo, el legado del delantero egipcio en el Liverpool es incuestionable: 257 goles y nueve títulos, incluida la Liga de Campeones conquistada en 2019. El club aún lucha por asegurar su clasificación a la próxima edición de la Champions League, mientras el entrenador Arne Slot intentó bajar la tensión asegurando que el objetivo común sigue siendo el bienestar de la institución.
La salida de Salah, acordada desde marzo, marca el final de una de las etapas más emblemáticas en la historia reciente del Liverpool, dejando una huella imborrable en el campo, pero también algunas tensiones pendientes fuera de él.



