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Trabajadoras del hogar en Nuevo León enfrentan precarias condiciones laborales e informalidad

Luz Citlali Dignidad, una de las 2 millones 195 mil trabajadoras del hogar en México, espera el transporte colectivo en Monterrey mientras se prepara para una plática psicológica en la Casa de la Mujer Indígena Zihuakali. En su mochila, lleva material didáctico que ella misma recorta para la actividad, una de las muchas que realiza desde hace dos años como parte de su labor comunitaria, que también incluye la lucha contra la violencia de género en su comunidad.

A las 8:45 de la mañana de un sábado, Luz acaba de concluir una jornada laboral que comenzó el domingo por la tarde. Durante la semana, se encarga de las labores domésticas en una residencia de tres pisos: limpieza, lavandería, cuidado de dos mascotas y otras tareas que la mantienen ocupada más de 12 horas diarias.

A pesar de las largas horas de trabajo, Luz no se queja. En su caso, los patrones son respetuosos, aunque las condiciones del lugar de trabajo dejan mucho que desear. La falta de ventilación en su espacio de descanso y el intenso calor de la zona de trabajo le provocan alergias, lo que se traduce en molestias constantes como congestión nasal y dolores de cabeza.

Originaria de Mazatetl, San Luis Potosí, Luz emigró a Nuevo León hace una década con el sueño de apoyar económicamente a su familia. En la actualidad, trabaja en el municipio de San Pedro Garza García, uno de los más ricos de Latinoamérica, donde lleva seis años realizando su labor “de quedada” en una casa de una zona de alto poder adquisitivo.

Su historia es parte de la dura realidad que enfrentan miles de trabajadoras del hogar en Nuevo León, un sector altamente feminizado que padece condiciones precarias. La sobrecarga laboral, las condiciones insalubres y la falta de acceso a la salud son solo algunas de las problemáticas más frecuentes. Además, un alto porcentaje de trabajadoras no están afiliadas al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), lo que las deja sin acceso a prestaciones de salud y seguridad social.

Luz también se ha formado profesionalmente. Durante la pandemia, aprovechó el tiempo para estudiar la licenciatura en Psicología en la Universidad Tangamanga de San Luis Potosí y, el año pasado, completó una especialidad clínica. Ella es parte del Centro Nacional para la Capacitación Profesional y Liderazgo de las Empleadas del Hogar (Cecah), donde lucha por la visibilidad y dignificación de su trabajo.

“Quiero que mis compañeras también sepan que merecemos un lugar digno, un trabajo digno”, subraya Luz, quien se ha convertido en una de las voces más activas en la defensa de los derechos laborales del sector. En México, el 92.89% de las personas trabajadoras del hogar son mujeres, lo que refleja una clara brecha de género en este ámbito.

A nivel nacional, solo el 3% de las trabajadoras están afiliadas al IMSS, mientras que en Nuevo León, de unas 113 mil trabajadoras del hogar, apenas 2,600 están registradas en el seguro social, lo que equivale a un 2-3% de las trabajadoras. La cifra evidencia la persistente informalidad laboral que caracteriza a este sector.

El Cecah recalca que las trabajadoras del hogar tienen derecho a un contrato por escrito, un salario mínimo profesional, jornadas de trabajo de no más de 48 horas semanales, acceso a prestaciones de ley, y la posibilidad de una jubilación y seguridad social. Sin embargo, estas garantías siguen siendo una utopía para la mayoría.

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