
En Londres, una exhibición en el Museo Victoria & Albert reúne más de 350 piezas de la Casa Cartier, joyas prestadas por el Rey Carlos III, collares de maharajás, las famosas panteras y una impresionante colección de tiaras. Sin embargo, la verdadera estrella de la muestra es una pieza singular: la serpiente flexible que María Félix encargó en 1968 a los renombrados joyeros franceses.
Ubicada en el centro de una sala exclusiva para resaltar su majestuosidad, esta joya dejó sin aliento a los miles de visitantes que acudieron a admirarla. La exposición, que permanecerá abierta hasta el 18 de noviembre y ha agotado todas sus entradas desde su inauguración, evoca la experiencia de ver a la Mona Lisa por su alta concurrencia. Por ello, se valoró especialmente el amplio espacio otorgado a esta pieza emblemática que formó parte de la colección personal de “La Doña” y ahora pertenece a Cartier.
La ficha explicativa de la joya la describe como “Una joya cobra vida”, destacando que es una de las creaciones más sorprendentes dentro de las joyas inspiradas en animales que conserva Cartier.
Describiéndola, la nota resalta que, “Audaz y atrevida” como su dueña, la joya refleja la maestría de la Casa Cartier para combinar la originalidad artística con una técnica excepcional, que logró reproducir el sinuoso movimiento del reptil mediante una estructura articulada en platino, diseñada para enroscarse en el cuello, tal como María Félix lo solicitó.
Para su confección, expertos de Cartier incrustaron casi 2,500 diamantes y aplicaron esmaltes verdes y rojos en la parte posterior para representar los colores de la bandera mexicana, en honor a la actriz. Esta colaboración estrecha con la clienta es uno de los grandes ejemplos de la relación que Cartier mantenía con quienes encargaban sus piezas.
Sobre el proceso de inspiración, se comenta que “Hay quienes aseguran que La Doña llevó en una pecera una víbora para dar ejemplo del movimiento y otros que dicen que mostró una pulsera que llevaba enrollada en la muñeca y que les dijo ‘así de fácil’, pero de fácil nada.” La Casa Cartier reconoce que la complejidad de esta joya implicó miles de horas de trabajo de sus expertos artesanos.
Considerada una de las creaciones más icónicas de la firma, la serpiente cobra vida a través del cortometraje Estudio de serpiente en movimiento, dirigido por Asif Khan, proyectado en una pared de la sala oscura para intensificar el contraste entre la penumbra y el brillo hipnótico del movimiento de la pieza.
Ninguna otra joya pudo eclipsar al collar de “La Doña”, adquirido por Cartier junto con toda su colección por cerca de 25 millones de dólares. Aunque se extrañó la ausencia del famoso collar de los cocodrilos, también destacaron la Tiara Scroll de 1,040 diamantes fabricada en 1903, la gargantilla que lució Rihanna en la revista W en 2016, y la majestuosa Tiara de Manchester de 1902, que recibe a los visitantes en la entrada.
Entre las piezas notables sobresale un broche con el diamante rosa Williamson de 23.6 quilates, regalo de boda del geólogo John Williamson a la Reina Isabel II, una de sus joyas favoritas usada en múltiples ocasiones.
Otra joya relevante es un brazalete con el diamante Estrella del Sur, de tonalidades café claras, descubierto en 1853 por una esclava brasileña llamada Rosa, quien obtuvo su libertad y una pensión tras el hallazgo.
La exhibición Cartier, diseño, arte y legado se ha convertido en un fenómeno de venta, combinando lujo y historia en un evento imprescindible para los amantes de la joyería y el arte.



