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Oasis cumple su promesa y hace vibrar a miles en su regreso a México

Después de 17 años de ausencia, Oasis finalmente se reencontró con su público mexicano en una noche cargada de nostalgia, energía y emociones desbordadas. El Estadio GNP Seguros fue testigo de un espectáculo que quedará marcado en la memoria de miles de asistentes, que esperaron casi dos décadas para volver a ver a los hermanos Gallagher compartir escenario.

El ambiente era electrizante incluso antes de que la banda apareciera. Desde la tarde anterior, los cielos de Chapultepec anunciaban algo grande: drones dibujaron el logo de Oasis sobre la ciudad, sorprendiendo a los paseantes y anticipando el evento. En los alrededores del estadio, la devoción se palpaba en cada rincón. Camisetas de giras pasadas, gorras estilo Gilligan —inmortalizadas por Liam— y vinilos intercambiados entre fans daban forma a un paisaje cargado de recuerdos.

La espera terminó cuando Liam y Noel Gallagher salieron tomados de la mano al escenario. La primera nota de Hello desató una explosión colectiva. Liam, en su característico estilo impasible, se mantuvo firme al centro con las manos entrelazadas detrás de la espalda, mientras Noel desplegaba acordes precisos, llenos de historia.

Acompañados por Paul “Bonehead” Arthurs, Andy Bell, Gem Archer, Christian Madden y Joey Waronker, Oasis recorrió una selección de temas emblemáticos como Morning Glory, Cigarettes & Alcohol, Roll With It y Slide Away, provocando euforia y conmoción entre los presentes. Cada canción parecía un acto de reconciliación con el pasado y con su audiencia.

El telón lo abrió Cage the Elephant, banda que preparó el terreno con una descarga de rock directo. Entre el público, el ambiente era festivo: parejas con máscaras de los hermanos Gallagher, fans cantando Supersonic bajo la lluvia y un aire denso de cigarro, marihuana y emoción.

La conexión con el público fue total. Liam pidió a los asistentes voltear hacia atrás y seguir su ritmo, generando un mar de cuerpos en movimiento. Cuando sonó Stand by Me, miles de celulares se alzaron como estrellas, formando constelaciones humanas en las gradas. Las pantallas mostraron imágenes familiares que aportaron un matiz íntimo al espectáculo.

Durante Live Forever, Oasis rindió homenaje a The Beatles con un fragmento de Octopus’s Garden, lo que fue recibido con entusiasmo por los fanáticos y sumó un guiño simbólico al legado británico que comparten ambas bandas.

Las miradas cómplices entre Liam y Noel, junto a las pausas medidas y gestos irónicos, mostraron que la tensión entre ellos no ha desaparecido del todo, pero también que, al menos por esta noche, la música logró reconciliarlos. Como señaló Pilar Velázquez, una asistente emocionada: fue “un Woodstock mexicano”.

La emoción alcanzó su punto máximo durante Don’t Look Back in Anger. Mariana Sánchez, de 34 años, llegó desde Guadalajara para el concierto y rompió en llanto: “Esperé media vida para esto. Nunca pensé que los vería juntos otra vez”, dijo abrazando a sus amigas.

El cierre fue monumental. El encore incluyó Wonderwall, coreada por todo el estadio, y Champagne Supernova, que dejó flotando sus acordes en la noche mientras los aplausos se prolongaban mucho después del último sonido. Roberto Carrasco, fan de la banda desde su adolescencia, resumió el sentimiento colectivo: “Hasta Tláloc fue compasivo; nos permitió disfrutar del espectáculo”.

Oasis no se presentaba en México desde el 26 de noviembre de 2008, cuando tocaron en el Palacio de los Deportes. Durante años, las disputas entre Liam y Noel parecían haber enterrado cualquier posibilidad de reunión. Sin embargo, el anuncio de la gira Live’ 25, cuyos boletos se agotaron en minutos, revivió la esperanza entre sus seguidores.

Esta noche, Oasis repetirá la experiencia en el mismo foro, consolidando un regreso que ya es parte de la historia musical del país.

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