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El ejército de Nepal recupera el control de Katmandú tras violentos disturbios y la renuncia del primer ministro

Tras dos jornadas de intensos disturbios, el ejército nepalí retomó este miércoles el control de Katmandú, en medio de una de las crisis más graves que ha vivido el país en las últimas dos décadas. Las protestas, desencadenadas por la censura en redes sociales y el descontento generalizado con la clase política, dejaron al menos 22 muertos, cientos de heridos y provocaron la dimisión del primer ministro KP Sharma Oli.

Los enfrentamientos comenzaron el lunes, cuando la policía reprimió con dureza una serie de manifestaciones impulsadas por jóvenes agrupados bajo el movimiento “Generación Z”. La protesta surgió en respuesta al bloqueo gubernamental de plataformas como Facebook, X y YouTube, así como por la creciente frustración ante la corrupción y el desempleo juvenil.

A pesar de que el acceso a redes sociales fue restablecido y el gobierno anunció una investigación sobre la violencia policial, el martes las manifestaciones escalaron. Edificios públicos fueron saqueados, y tanto el Parlamento como la residencia del primer ministro fueron incendiados.

Las calles de la capital amanecieron este miércoles bajo la vigilancia del ejército, que patrulla con tanques y vehículos blindados entre escombros, barricadas y vehículos calcinados. Se mantiene el toque de queda, con escuelas, comercios y oficinas cerrados.

En un intento de calmar la situación, el jefe del Estado Mayor, general Ashok Raj Sigdel, se reunió con diferentes actores políticos y sociales, incluidos representantes del movimiento juvenil. “El jefe del ejército inició reuniones con diferentes partes y se reunió con representantes de GenZ”, declaró el portavoz militar Rajaram Basnet, sin ofrecer más detalles.

El general Sigdel ya había hecho un llamado al diálogo el martes: “Todos los grupos implicados en las manifestaciones deben guardar la calma y dialogar”. En la misma línea, el presidente Ramchandra Paudel pidió “a todos, incluidos los manifestantes, cooperar para resolver pacíficamente la difícil situación del país”.

La renuncia de KP Sharma Oli, de 73 años y líder del Partido Comunista de Nepal, abrió el debate sobre quién debería liderar una posible transición. Entre los nombres que suenan están el de la ex presidenta del Tribunal Supremo, Shushila Karki, y el del actual alcalde de Katmandú, Balendra Shah, un joven exingeniero y rapero de 35 años.

Oli justificó su salida con el argumento de facilitar una salida política: “Para que se puedan tomar medidas con vistas a una solución política”, afirmó en su declaración de renuncia.

La indignación ciudadana tiene raíces profundas. “El vandalismo nunca fue una buena solución para solucionar problemas”, comentó el policía jubilado Kumar Khatiwada, de 60 años. “Pero es el resultado de los errores de nuestros dirigentes. Esos incompetentes han prohibido las redes sociales para esconder su corrupción, expuesta en Internet”.

Durante los disturbios, murieron tres agentes policiales, según confirmó la policía, y más de 13.500 reclusos escaparon de cárceles aprovechando el caos, de acuerdo con el portavoz Binod Ghimire.

Este miércoles, el ejército advirtió que responderá con firmeza ante cualquier acto de violencia: “Reprimiremos sin vacilar manifestaciones, actos de vandalismo, saqueos o incendios y ataques contra personas y bienes”.

Ese mismo día, las autoridades informaron la detención de 27 personas y la confiscación de 23 armas de fuego en Katmandú. El aeropuerto de la capital, cerrado desde el martes, reabrió a los pasajeros por la tarde, con la previsión de reanudar operaciones de manera progresiva.

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