
El reciente bombardeo de Estados Unidos contra instalaciones nucleares en Irán —Fordo, Natanz e Isfahán— ha encendido las alarmas a nivel internacional, generando reacciones inmediatas y contundentes. El presidente Donald Trump confirmó la ofensiva, destacando su éxito: “Hemos completado con gran éxito nuestro ataque contra tres instalaciones nucleares en Irán. Todos los aviones se encuentran ahora fuera del espacio aéreo iraní”, publicó en Truth Social.
Más tarde, en un mensaje televisado, Trump declaró: “Nuestro objetivo era la destrucción de la capacidad de enriquecimiento de uranio de Irán y un alto a la amenaza nuclear planteada por el Estado patrocinador del terror número uno del mundo”. Añadió que se trató de un “éxito militar espectacular” que resultó en la “destrucción completa y total” de las instalaciones atacadas. Confirmó además que la operación se realizó en estrecha coordinación con Israel: “Trabajamos como equipo, como quizás ningún otro equipo ha trabajado antes”.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, elogió la acción y agradeció públicamente al mandatario estadounidense: “Su decisión audaz de atacar las instalaciones nucleares de Irán con el impresionante y justo poder de Estados Unidos cambiará la historia”. Añadió: “El presidente Trump y yo decimos a menudo: paz a través de la fuerza. Primero viene la fuerza, después viene la paz”.
Desde Teherán, el gobierno iraní condenó con firmeza el ataque. El ministro de Relaciones Exteriores, Abás Araqchi, escribió en la red X: “Los acontecimientos de esta mañana son escandalosos y tendrán consecuencias eternas”. Aseguró que Irán se defenderá “por todos los medios necesarios” y que “no hay línea roja que no hayan cruzado. Y la última, y la más peligrosa, ocurrió anoche. Cruzaron una línea roja muy grande al atacar las instalaciones nucleares”.
La Organización de Energía Atómica de Irán calificó la ofensiva como “un acto bárbaro que viola el derecho internacional” y afirmó que “a pesar de las malvadas conspiraciones de sus enemigos”, el país “no dejará que el camino del desarrollo de esta industria nacional (nuclear), que es el resultado de la sangre de mártires nucleares, se detenga”. Por su parte, los Guardianes de la Revolución amenazaron con “represalias que lamentará” Estados Unidos.
Las reacciones internacionales no tardaron. El secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió que se trata de “una escalada peligrosa en una región que ya se encuentra al borde del abismo, y una amenaza directa para la paz y la seguridad mundial”. La jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Kaja Kallas, instó a “todas las partes a dar un paso atrás, a regresar a la mesa de negociaciones y evitar cualquier escalada adicional”.
Rusia calificó los bombardeos de “irresponsables” y denunció que violan flagrantemente el derecho internacional. China también condenó el ataque, señalando que contribuye a una “escalada de tensiones en Oriente Medio” y llamó especialmente a Israel a un cese al fuego inmediato.
Desde Europa, el primer ministro británico Keir Starmer afirmó que “a Irán nunca se le puede permitir desarrollar un arma nuclear” y defendió que EE.UU. ha tomado medidas para mitigar esa amenaza. Alemania reiteró su llamado a Irán a abrir negociaciones con Estados Unidos e Israel. Francia expresó preocupación y llamó a la moderación, aclarando que no participó en los bombardeos ni en su planificación. España pidió una “desescalada” y más diálogo: “No es la solución militar la que va a traer paz y estabilidad a Oriente Medio, sino la diplomacia”, señaló el ministro de Exteriores, José Manuel Albares.
Arabia Saudita manifestó “gran preocupación” por los hechos. Omán condenó el ataque y pidió una “desescalada inmediata”. Irak calificó la ofensiva como una “escalada militar” que amenaza la paz regional. Pakistán también condenó los bombardeos, afirmando que “Irán tiene el derecho legítimo a defenderse en virtud de la Carta de las Naciones Unidas”.
El papa León XIV lamentó los hechos con un llamado a la paz: “La humanidad grita y reclama paz” ante las “noticias alarmantes de Oriente Medio”.
Desde Yemen, los rebeldes hutíes —aliados de Irán— calificaron el ataque como “una declaración de guerra” y amenazaron con atacar barcos estadounidenses en el mar Rojo. En la misma línea, el movimiento palestino Hamás denunció la ofensiva como “una agresión criminal” y “una violación de todas las normas y convenciones internacionales”.
El secretario de Defensa de EE.UU., Peter Hegseth, confirmó que el ataque se realizó con bombarderos B-2 Spirit, que lanzaron la bomba GBU-57A/B, conocida como “penetrador de municiones masivo” (MOP), la mayor bomba no nuclear del mundo. Este armamento, de más de 13 toneladas, es el único capaz de penetrar las defensas subterráneas del complejo de Fordo, y fue clave para la operación.
Mientras las tensiones crecen y el mundo observa con preocupación, la ofensiva marca un giro decisivo en la confrontación entre EE.UU., Israel e Irán, con consecuencias aún impredecibles para la estabilidad de Medio Oriente.



