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Alertan por expansión del pez diablo en el río Bravo; desplaza a especies nativas

La creciente presencia del denominado pez diablo en el río Bravo, a la altura de Nuevo Laredo, ha generado preocupación entre especialistas y autoridades debido a los efectos que esta especie invasora está provocando en el ecosistema de la región.

Daniel del Fierro Cárdenas, director del Zoológico y Acuario de Nuevo Laredo, informó que los monitoreos más recientes muestran un incremento de hasta 400 por ciento en la presencia de este pez, originario de la Amazonía, mientras que la población de especies nativas ha disminuido de manera significativa.

Explicó que una de las principales razones de su rápida expansión es la falta de depredadores naturales en el río Bravo, lo que favorece una reproducción acelerada. Además, el pez diablo consume huevecillos de otras especies, afectando su reproducción y alterando la cadena alimenticia.

Durante tres muestreos recientes fueron capturados entre 750 y 770 alevines de esta especie invasora, mientras que ejemplares nativos como bagres, robaletas y mojarritas aparecieron en cantidades reducidas. Esta situación, advirtió el especialista, impacta no solo a la fauna acuática, sino también a otras especies que dependen del río para su alimentación.

Según las autoridades, la presencia del pez diablo podría estar relacionada con la liberación accidental o intencional de ejemplares provenientes de acuarios domésticos. Una vez en cuerpos de agua naturales, su capacidad reproductiva facilita su rápida dispersión.

A diferencia de lo que ocurre en su hábitat de origen, donde depredadores como pirañas y nutrias ayudan a controlar su población, en el río Bravo no existen especies que regulen eficazmente su crecimiento.

Ante este panorama, las acciones de control se centran en la captura y eliminación de los ejemplares detectados para evitar que continúen reproduciéndose. Paralelamente, autoridades, especialistas y pescadores trabajan de manera coordinada para contener su avance.

Además del impacto ambiental, la problemática ya comienza a reflejarse en la actividad pesquera local, donde trabajadores del sector reportan una disminución de especies que anteriormente eran comunes en la zona.

Especialistas advirtieron que, de no implementarse medidas efectivas para controlar la expansión del pez diablo, el río Bravo podría enfrentar un deterioro mayor en su biodiversidad y en el equilibrio de su ecosistema.

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