
La escasez de combustible en Cuba, agravada por las recientes medidas de Estados Unidos, ha intensificado la presión sobre el sistema de salud, obligando a médicos del principal hospital cardiopediátrico del país a tomar decisiones críticas sobre la atención de sus pacientes.
En el cardiocentro pediátrico “William Soler”, en La Habana, la falta de recursos ha llevado a priorizar los casos más graves. Según explicó la cardióloga Herminia Palenzuela, de 79 años, el personal enfrenta decisiones “dificilísimas”, ya que los pacientes menos urgentes quedan relegados: “al final de la lista, simplemente a esperar”.
Durante un recorrido realizado por periodistas de AFP, se observaron salas con poca iluminación, donde madres acompañaban a sus hijos en medio de condiciones limitadas. El hospital, único en su tipo en Cuba, atiende a recién nacidos, niños y mujeres embarazadas cuyos bebés presentan cardiopatías severas.
Ante la escasez, los especialistas concentran los recursos en los pacientes más críticos. “Siempre se guardan los recursos para ese tipo de pacientes porque son los que se van a morir en cualquier momento”, señaló Palenzuela, visiblemente afectada.
Aunque el centro cuenta con 100 camas, no todas están en uso debido al racionamiento de insumos y equipos médicos. “Quisiéramos operar más, quisiéramos hacer más cosas, pero los recursos no lo permiten”, agregó la doctora, quien participó en la fundación del hospital en 1986.
La crisis energética también ha impactado el funcionamiento del sistema sanitario. A pesar de que el gobierno prioriza el suministro eléctrico a hospitales mediante generadores, los apagones diarios afectan la logística y el traslado del personal médico. Palenzuela, por ejemplo, solo puede asistir tres veces por semana, mientras que algunos trabajadores deben recorrer largas distancias a pie ante la insuficiencia del transporte disponible.
El director del centro, Eugenio Selmam, subrayó que las limitaciones no son nuevas, pues se arrastran desde hace décadas debido al embargo estadounidense vigente desde 1962. “Es lo que estamos viviendo nosotros desde hace décadas”, afirmó. Sin embargo, advirtió que la situación actual “alcanza niveles dramáticos”.
El escenario se agravó tras la interrupción del suministro de petróleo proveniente de Venezuela, luego del derrocamiento del presidente Nicolás Maduro el pasado 3 de enero en una operación encabezada por fuerzas estadounidenses.
En medio de este contexto, algunas familias enfrentan incertidumbre constante. Yaima Sánchez, madre de un niño de nueve años con taquicardia, relató que en esta ocasión pudo acceder al equipo necesario para el seguimiento médico de su hijo. “Vengo con la fe de que los médicos me atiendan con lo que tengan”, comentó, al tiempo que explicó que “a veces el aparato no está, o está descargado porque no hay pilas (baterías)”. Aunque reconoció que “hasta ahora hemos tenido suerte, pero uno nunca sabe”.
De acuerdo con el Ministerio de Salud Pública (Minsap), más de 96 mil personas —entre ellas 11 mil niños— se encuentran en espera de intervenciones quirúrgicas, en un sistema que se reorganiza frente a la crisis energética.
En paralelo, la llegada de ayuda internacional ha ofrecido cierto alivio. El miércoles, el hospital recibió parte de un envío de 50 toneladas de medicamentos, alimentos y productos de higiene. La activista italiana Martina Steinwurzel destacó la gravedad del contexto: “La situación claramente es difícil” y “por eso hacemos lo que es justo: traer ayuda”.
Mientras se distribuían los suministros, Steinwurzel reflexionó sobre la resiliencia del país: “Es un pueblo que resiste hace muchos años, y ahora vive un asedio que nunca había vivido en su historia”.
Por su parte, el coordinador de Naciones Unidas en Cuba, Francisco Pichón, anunció una propuesta de plan de emergencia por 94.1 millones de dólares para garantizar la importación de combustible y sostener servicios esenciales. De no concretarse medidas, advirtió: “Si la situación actual continúa y se agotan las reservas de combustible del país, tememos un rápido deterioro, con la posible pérdida de vidas”.



